Crónica de Harzar – Interludio I – El Silencio de los Bosques

Crónica de Harzar

Interludio I – El Silencio de los Bosques

"Hay lugares donde el aire pesa más que la piedra,
y donde el bosque calla para escuchar lo que todavía no nació."

Entramos al poniente. El bosque no era solo madera y sombra.
Las ramas parecían cuchillas dormidas,
y el aire, más pesado que la piedra.
Cada paso sonaba demasiado fuerte, como si alguien, oculto en la espesura, se percatara de nuestro avance.
—“No me gusta este bosque. Los troncos nos miran.” —dijo Dragan, con la voz baja.
Noktar intentó reírse:
—“Pues que miren, así sabrán quién los entierra después.”
Nadie le respondió.
Ilian calló más de lo habitual, y Zer murmuró apenas:
—“Caminen. El bosque no se abre a los que dudan.”


El silencio pesaba.
Hasta Noktar caminaba serio, como si cargara un muerto sobre los hombros.
Las ramas no eran ramas: cuchillas, garras, sombras quietas esperando.
El viento no era viento: parecía un guardián que no quería ser nombrado.


Al volver la vista hacia Yenah, vimos a lo lejos otra vez a las criaturas lanudas.
Quietas, mascando hierba como si nunca hubieran aprendido a huir.

Ese día entendimos que el silencio del bosque no era vacío.
Era un aviso.
Un recordatorio de que hay territorios que no se conquistan con pasos,
sino con espera.

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