Canto IV – La Senda de lo Desconocido
Crónica de Harzar
Canto IV – La Senda de lo Desconocido
"Un aroma desconocido en la espesura anuncia dos destinos: saciarse o ser devorado."
Nos movimos hacia el norte, sin buscar nada en particular, cargando con lo poco que sabíamos.
La tierra se volvió más blanda. Las piedras, más escasas.
Y justo cuando creíamos seguir la línea recta del destino, la pradera se quebró.
Una grieta vegetal: la entrada a una selva densa, apretada, hecha de ramas que no se dejaban mirar.
Nos detuvimos, no por miedo ni por sorpresa. Nunca habíamos llegado tan lejos desde Yenah.
Detrás de nosotros, muy lejos, los peludos seguían pastando como si no existiéramos.
—“Esto no es el bosque, es una trampa” —dijo Dragan, tanteando la lanza.
—“Las trampas siempre tienen un escape” —respondió Ilian, sin mirarnos.
—“Kalel, dime por dónde. Estos árboles no muestran camino.”
No tenía más certezas que ellos, pero asentí como si las tuviera.
Antes de que la selva nos tragara, la pradera nos ofreció un misterio:
frutos colgando de árboles nunca vistos.
Largos y curvos como dedos deformes; otros redondos, de piel gruesa y aroma dulce.
Ninguno sabía qué eran.
Nadie se atrevió a tocarlos aún.
Pero sabíamos que el hambre nos haría probarlos, y los ojos también,
pues se veían apetitosos, aunque pudieran ser un bocado mortal.
—“¿Serán veneno o alimento?” —dijo Noktar.
—“A veces es lo mismo” —respondí.
Y seguimos.
No por valentía.
No por gloria.
Solo porque había un sendero que aún no habíamos pisado.
La colina al fondo parecía esconder algo.
Y cuando el horizonte se perdió tras ella, también nosotros desaparecimos… por un rato.
"El que se aleja demasiado puede que no encuentre nada.
Pero jamás vuelve igual."
Comentarios
Publicar un comentario